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Brasil: impactos de las plantaciones de eucaliptos y transnacionales productoras de pasta de celulosa
03-07-06,

Los impactos sociales y ambientales de las plantaciones de monocultivos de eucaliptos han sido bien documentados en numerosos países. Aracruz trata de ocultar su verdadero rostro y cuenta para ello con cuantiosas sumas de dinero que le permiten contratar espacios propagandísticos televisivos desde donde llegar a gigantescas audiencias mundiales.

Impactos de las plantaciones de eucaliptos en las mujeres

Los impactos sociales y ambientales de las plantaciones de monocultivos de eucaliptos han sido bien documentados en numerosos países. Sin embargo, en general se ha pasado por alto la dimensión de género, dejando así velados los impactos diferenciados que tienen sobre las mujeres. La siguiente trascripción de una investigación llevada a cabo en las plantaciones y la fábrica de celulosa de Aracruz Celulosa en Brasil resulta, por lo tanto, muy útil para aportar elementos aclaratorios sobre el tema y alentar a otros y otras a que profundicen en estos impactos ya bastante conocidos.

“Las mujeres indígenas, quilombolas y campesinas, que vivían junto a sus familias y comunidades en los lugares tomados por el cultivo del eucalipto, tenían su papel socioeconómico bien definido. De acuerdo con el relato del Sr. Antônio dos Santos, de la aldea de Pau Brasil, las mujeres indígenas tenían tareas específicas. Ellas producían algunos tipos de artesanías como tamices, por ejemplo, mientras que los hombres hacían vasijas y remos. Junto con los hombres, ellas trabajaban en la quinta, plantando y desmalezando, y también pescaban. Las mujeres quilombolas, por ejemplo, producían el bijú –un alimento típico de esa población– para alimentar a sus familias y también para comercializarlo y generar ingresos.

Con la llegada de las plantaciones de eucalipto, las mujeres, como los demás habitantes de la región, vivieron los cambios en la organización de su territorio y de su lugar en la comunidad; en lo que se producía y como se producía. Su papel socioeconómico dentro de la familia y de la comunidad sufrió alteraciones y varias de esas mujeres, después de perder sus tierras, se vieron obligadas a buscar otro espacio para vivir y trabajar. Emigraron con sus hijos y parientes a regiones urbanas, próximas al lugar donde vivían, como es el caso de muchas familias que se trasladaron a las ciudades de São Mateus y Aracruz. Otras se fueron a la región metropolitana del estado, engrosando las favelas y, para poder seguir atendiendo sus casas y sus familias, cambiaron las actividades rurales por las de empleada doméstica, limpiadora o lavandera de familias de clase media y de la burguesía urbana.

Las mujeres que hasta hoy resisten en el medio del eucalipto también siguen atendiendo sus casas y su familia, pero, al mismo tiempo, enfrentan más dificultades que antes. Por ejemplo, los ríos y arroyos que utilizaban para lavar la ropa, de los que se sacaba el agua para beber y en los que se pescaba están, en su mayoría contaminados. De esa forma, los miembros de la familia, inclusive las mujeres, son forzados a trasladarse para obtener agua potable. La Sra. Doralim Serafim dos Santos, quilombola, cuenta que ‘aquí nadie lava ropa en este arroyo, pues la ropa queda amarilla y empercudida, cuando yo era chica íbamos a “encandilar” peces al arroyo y el agua estaba limpita’.

Otro problema es la falta de bosque nativo, fuente de la materia prima necesaria para la fabricación de artesanías. Además, la contaminación del suelo por el uso de agrotóxicos en las plantaciones compromete la plantación de hierbas medicinales realizada por las mujeres. Las hierbas medicinales son muy utilizadas por las poblaciones tradicionales para prevenir y combatir enfermedades. La falta de tierra buena y suficiente complica también la articulación entre las tareas domésticas y la producción agrícola. Hoy, las mujeres tienen que recorrer largos trayectos para trabajar en plantaciones de terceros, en el cultivo del café y de la caña de azúcar, por ejemplo. Esas mujeres están más expuestas a accidentes de trabajo.

También hay que agregar que hoy, en el estado de Espírito Santo, el 26% de las familias, o sea, 800.000 hogares, tienen mujeres como jefes de familia. Eso significa que Espírito Santo es uno de los estados brasileños que cuenta, proporcionalmente, con el mayor número de hogares dirigidos por mujeres. Ese dato indica que el trabajo remunerado de las mujeres dejó de ser apenas una forma de aumento de la renta familiar y pasó a ser fundamental para su subsistencia y la de su familia.

Está también la experiencia de las mujeres indígenas que, con la pérdida de las condiciones de subsistencia buscaron formas alternativas de contribuir financieramente con la familia. Algunas se volvieron empleadas domésticas de los jefes de la empresa Aracruz. Sin embargo, en 1998, luego del proceso de autodemarcación de las tierras indígenas, fueron despedidas en represalia. Tuvieron que buscar otros tipos de trabajo fuera de las aldeas. No obstante, algunas tuvieron más suerte y consiguieron trabajo como educadoras y agentes de salud en las propias aldeas donde viven.

Todo ese esfuerzo de las mujeres en contribuir con la renta familiar ha generado cambios en su papel tradicional, lo que, de alguna forma, afecta a toda la comunidad. Por otro lado, a pesar de los perjuicios producidos por la acción de ese gran proyecto agroindustrial, el mismo busca siempre estar junto a esa población, promoviendo acciones de carácter asistencial. Una de las últimas actividades de que se tiene noticia es la promoción de cursos de enseñanza de oficios para esas mujeres, buscando capacitarlas como manicuras, pedicuras y camareras, profesiones extrañas para esa población.

Otra situación que merece ser destacada es la de un número reducido de mujeres de comunidades vecinas que trabajan dentro de la empresa Aracruz. No sorprende que por el año 1998, apenas el 6,8% de los empleados de la empresa fuese del sexo femenino, de acuerdo con datos de la época. Aún así, la mayor parte de las mujeres que trabajaba en Aracruz hacía limpiezas, trabajaba en el sector administrativo de la fábrica, o en el vivero y en la actividad de plantación de mudas, tal vez por creer que las mujeres son más aptas para este tipo de actividad que requiere un trabajo manual cuidadoso. Sin embargo, hoy, tal actividad ya está casi totalmente mecanizada. La mayoría de estos servicios ahora está tercerizada.

En el trabajo en el campo, las mujeres también han sufrido accidentes de trabajo como los hombres. Un ejemplo de accidente ocurrió el día 14 de julio de 1986, cuando una ex trabajadora de Aracruz Celulose descendió una ‘gruta’ con una caja de 30 mudas de eucalipto que pesaba 45 quilos. Se cayó y se fracturó la columna. Después de ser transferida a un servicio de limpieza de escritorios, fue despedida porque no podía pararse. Hoy, con 51 años de edad, ella no puede cargar una silla y precisa controlar el dolor en la columna con remedios. Nunca más consiguió otro empleo.

Muchas veces, sin embargo, las mujeres, invisibles, tuvieron que cuidar a sus maridos, enfermos y accidentados por el trabajo realizado en las plantaciones. La Sra. Doralina cuenta que ‘había días que él llegaba aquí con dolor en los ojos y casi no podía dormir de noche, y después quedó mal de la vista, no veía bien y ahí se hizo unos exámenes’. Hay inclusive mujeres viudas de ex trabajadores de la empresa Aracruz y de empresas tercerizadas que precisan mantener solas la casa, sin ninguna ayuda”.

Extraído de la investigación “Plantaciones de eucalipto y producción de celulosa. Promesas de empleo y destrucción del trabajo. El caso Aracruz Celulose en Brasil”, por Alacir De'Nadai, Winfridus Overbeek, Luiz Alberto Soares, encomendada por el Movimiento Mundial por los Bosques (WRM) y la Red Alerta Contra el Desierto Verde, mayo de 2005, http://www.wrm.org.uy/paises/Brasil/fase.html

Representantes indígenas hacen campaña en Europa para recuperar sus tierras ocupadas por Aracruz Celulose

Paulo Henrique de Oliveira, dirigente Tupinikim de Caieiras Velhas y coordinador de la Articulação de Povos e Organizações Indígenas do Nordeste, Minas Gerais e Espírito Santo - APOINME (Articulación de pueblos y organizaciones indígenas del Noreste, Minas Gerais y Espírito Santo) y Antônio Carvalho, jefe Guaraní, estuvieron en Europa en abril y marzo de 2006 con el objeto de dar publicidad a su lucha para demarcar las tierras de los Tupinikim y Guaraní en el estado de Espiríto Santo. En el correr de tres semanas visitaron Noruega, Holanda, Alemania y Austria, donde departieron con varios grupos acerca de las 11.009 hectáreas de sus tierras que actualmente están en manos de Aracruz Celulose, el gigante brasileño de la pulpa de papel. Lo que sigue es el relato del viaje de Paulo de Oliveira.

“Salimos de Brasil el 25 de abril con el propósito de mostrar lo que está pasando con los indígenas en Brasil y más específicamente en el estado de Espíritu Santo, donde el territorio indígena está ocupado por una empresa multinacional, Aracruz Celulose S.A., de la que algunos países europeos, entre otros países, son accionistas.

En Noruega, país que invierte 34 millones de coronas (aproximadamente 4,5 millones de euros) en la empresa, nos reunimos con el Banco de Noruega, con parlamentarios y con el Consejo de Ética del Fondo de Pensiones del Gobierno. Les pedimos que retiraran todas las inversiones que tienen en esta empresa.

Algunas de las empresas que le compran celulosa a Aracruz están en Alemania. Allí participamos en reuniones con algunas de ellas y con el Consejo de Manejo Forestal - FSC (parte de las operaciones de Aracruz fueron certificadas por el FSC en tanto bien manejadas), con el Ministerio de Desarrollo, con parlamentarios del Partido Verde y con algunas ONG. Conversamos sobre la falta de respeto de Aracruz Celulose a los indígenas y a la Constitución brasileña, que garantiza los Derechos Indígenas. Solicitamos a las numerosas personas y organizaciones que conocimos que presionaran a Aracruz para que devuelva las tierras y respete la decisión del ministro de Justicia y para que el gobierno brasileño demarque las tierras Tupinikim y Guaraní lo más pronto posible y haga cumplir la Constitución de Brasil.

En este viaje tuvimos varias ocasiones de conversar con otras ONG para fortalecer nuestra lucha y nuestra organización y de comprobar que los europeos son muy sensibles a la causa indígena y se esfuerzan mucho para ayudarnos. Por ejemplo, los niños de una escuela que visitamos no dudaron en lustrar zapatos para recaudar fondos con que contribuir a nuestra lucha.

Sin embargo, espero que los políticos, las empresas, el Ministerio de Desarrollo, el FSC y el Banco que visitamos puedan cumplir sus promesas y que Aracruz devuelva las tierras. Espero que el gobierno acelere el proceso de demarcación y que podamos continuar nuestra lucha, ayudando a nuestros hermanos y hermanas que luchan por sus tierras, por sus derechos, por su dignidad, porque nuestra lucha no termina aquí. Este es apenas el comienzo de una lucha por una vida mejor y un planeta mejor.”

La resistencia de los pueblos Tupinikim y Guaraní parece estar dando sus frutos. Ha sido tal el descrédito internacional de Aracruz por su usurpación de las tierras indígenas, que la propia empresa ha anunciado recientemente que decidió “solicitar el retiro voluntario temporal de la certificación del FSC (Consejo de Manejo Forestal) de los bosques [plantaciones de eculiptus] que pertenecen a su Unidad Guaíba, ubicada en el Estado de Río Grande do Sul. Esta certifcación, que fue obtenida antes de la adquisición de esa unidad, había sido previamente revalidada tres veces consecutivas y expiraba en diciembre de 2006”.

¿Qué tiene que ver esto con la lucha en Espíritu Santo? La propia Aracruz reconoce la conexión. En su comunicado de prensa (en http://www.aracruz.com.br/web/en/imprensa/noticias/noticias178.htm) afirma que “algunos accionistas habían expresado al FSC su preocupación por la revalidación del certificado de la UG [Unidad Guaiba] –no con relación al manejo forestal en Río Grande do Sul, sino por la disputa de tierras entre la Unidad Barra do Riacho de la empresa (distante más de 2.000 km) y las comunidades indígenas del Estado de Espíritu Santo”. Claramente se trata de una acción de control del daño. De esta forma, Aracruz reconoce el éxito de la campaña de los pueblos indígenas en cuanto a generar apoyo internacional a sus esfuerzos por recuperar sus tierras, y está intentando evitar la creciente oposición dentro del ámbito de la certificación del FSC.

Mientras esto ocurre, Aracruz trata de ocultar su verdadero rostro y cuenta para ello con cuantiosas sumas de dinero que le permiten contratar espacios propagandísticos televisivos desde donde llegar a gigantescas audiencias mundiales. En el actual Mundial de Fútbol circula una nueva propaganda nacional que muestra a celebridades nacionales, como el ex jugador de fútbol Pelé, pasándose la pelota entre sí mientras una voz dice: “Aracruz: haciendo un hermoso papel allá afuera” (en un juego de palabras con la imagen de la empresa y su producto final derivado de la celulosa).

Nada más lejos de la realidad, como bien lo saben las comunidades locales. El 16 de junio, en la comunidad de Jacutinga, Linhares, en el norte de Espírito Santo, siete tractores de la empresa se pusieron en marcha para derribar parte de la Mata Atlántica brasileña. Aunque esta acción se trató de llevar a cabo en un día feriado, pudo ser detenida gracias a la firme resistencia de integrantes del Movimiento de Pequeños Campesinos, que han estado protegiendo la zona desde hace más de veinte años (véase el informe completo --en portugués-- del Movimiento contra el Desierto Verde en http://www.wrm.org.uy/paises/Brasil/Aracruz_Copa_Mundo.doc ).

No es certificable, no es confiable. Aracruz no debería ser viable.

Extractado del Boletin 107 del WRM - Movimiento Mundial por los Bosques


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