La construcción de una autopista que unirá a Lerma, en el Estado de México, con Tres Marías, en el estado de Morelos, es una vía de comunicación necesaria para evitar el estrangulamiento del conglomerado humano más grande del continente americano, pero que cruza por sitios ecológicamente sensibles
La construcción de una autopista que unirá a Lerma, en el Estado de México, con Tres Marías, en el estado de Morelos, es una vía de comunicación necesaria para evitar el estrangulamiento del conglomerado humano más grande del continente americano, pero que cruza por sitios ecológicamente sensibles
Estamos inmersos en un mundo convulso, falto de definición y lleno de incomprensión entre los humanos: Rusia invade militarmente a Georgia en plenos Juegos Olímpicos; Irak y Afganistán están ocupados por ejércitos extranjeros; Venezuela apoya a secuestradores de inocentes colombianos; México es rehén de narcotraficantes enquistados en las policías; los hielos del Polo Norte y de Groenlandia se derriten aceleradamente; la pérdida de biodiversidad en el planeta está alcanzando niveles nunca antes vistos, mientras las naciones del mundo no pueden ponerse de acuerdo en las medidas para detener el calentamiento global; los altísimos precios del petróleo están resquebrajando el equilibrio económico de un mundo que recibe diariamente a doscientos cincuenta mil nuevos humanos (ya descontando los muertitos del día) que tienen el derecho, igual que nosotros, a consumir energía, tener una vivienda digna, una educación útil, atención suficiente a su salud y una pensión cuando se retiren a los sesenta y cinco años de edad.
Dentro de este panorama desolador brilla amablemente frente a nosotros una luz de esperanza, y esa luz es el amor por la vida, por la naturaleza que traemos dentro de nosotros la gran mayoría de los seres humanos.
Esta semana tuve la oportunidad de vivir, querida, querido lector, un ejemplo de cómo la ecología nos puede unir en un propósito común a los humanos. Participé en una mesa redonda sobre un tema controversial de actualidad para México: La construcción de una autopista que unirá a Lerma, en el Estado de México, con Tres Marías, en el Estado de Morelos.
Una vía de comunicación necesaria para evitar el estrangulamiento del conglomerado humano más grande del continente americano, pero que cruza por sitios ecológicamente sensibles. Varios grupos ambientalistas expresaron durante meses sus objeciones a dicho proyecto, en tanto las autoridades expresaron la urgente necesidad de contar con un libramiento adecuado para toda la transportación terrestre de personas y bienes provenientes del occidente de la República que tienen como destino el sur del país, y que actualmente pasan necesariamente por el poniente de la ciudad de México.
Las posiciones parecían irreconciliables entre la necesidad de avanzar en la solución de nuestros problemas humanos y la necesidad de proteger nuestro entorno, precisamente para garantizar la permanencia de los ecosistemas de los cuales depende nuestra propia existencia como especie.
El complejo proceso de evaluación del impacto ambiental implicó que el proyecto fuera modificado por las autoridades ambientales federales tres veces, (dos para el estado de Morelos y una para el Estado de México) y que se realizaría una consulta pública con la participación de todos los interesados.
Sin embargo, después de este proceso, quedaron cuestionamientos y dudas sin resolver para los grupos ambientalistas. La mesa redonda en la que tuve la oportunidad de participar en el periódico Reforma retomó las discusiones que se han dado hasta la fecha, y llegó a una conclusión que podría darnos una luz a los mexicanos de cómo resolver nuestras controversias: crear una Ciudadanía Ambiental que facilite la resolución pacífica de nuestros conflictos como nación.
Acordamos en esta mesa crear un Comité Ciudadano, que vigile puntual y transparentemente el cumplimiento de todas y cada una de las condicionantes ambientales del proyecto Lerma-Tres Marías para garantizar, de acuerdo con los expertos que participaron en la evaluación de los mecanismos para mitigar satisfactoriamente los impactos ambientales identificados, la sustentabilidad del proyecto.
El concepto de Ciudadanía Ambiental fue propuesto en la Organización de las Naciones Unidas por primera vez en 1992 durante la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro, por una mujer mexicana de excelencia, orgullo de nuestro país y que fue la primera mujer en encabezar los esfuerzos en favor del medio ambiente en la administración pública de México, la bióloga Alicia Bárcena, y que ocupó el segundo cargo de importancia en la ONU recientemente, y que actualmente preside la Comisión Económica para América Latina, la CEPAL, en Santiago de Chile.
El concepto de Ciudadanía Ambiental, se refiere a una serie de deberes expresados en diversos momentos de la vida de cada uno de los países. Generalmente se asocia a la mayoría de edad, porque es entonces cuando se reciben documentos de identificación y se pueden ejercer algunos de los derechos, como por ejemplo el derecho al voto.
Pero el concepto va mucho más allá y no se vincula necesariamente con la edad, porque su fundamento se relaciona con un tema clave: la sociedad humana y los procesos de construcción de las relaciones sociales y de las vinculaciones con la naturaleza.
En este sentido, la ciudadanía se relaciona con el conjunto de los seres humanos asumidos como personas que pueden y deben tomar parte activa en el proceso de su propio desarrollo, como individuos pensantes, como miembros de una comunidad, de una nación, en suma, como seres humanos responsables vinculados con espacios geográficos y ámbitos históricos y culturales, y como ciudadanos y ciudadanas de este planeta Tierra que tienen el derecho básico a la vida y a un futuro mejor para ellos y sus descendientes.
La ciudadanía ambiental tiene su primera acepción en el plano local, en el lugar donde vivimos, donde se realizan nuestras actividades y construimos nuestro desarrollo y el de nuestra comunidad. Pero no se termina allí, porque la comunidad está inserta en una región y en un país, donde todo se interrelaciona de manera dinámica. Los países, cuyas fronteras se han establecido por razones históricas y políticas, no tienen delimitaciones naturales, los ríos no siguen la lógica política ni económica, los bosques se adentran en los espacios siguiendo sus pautas de crecimiento, los mares nos abrazan a todos y a todas.
Si tenemos los mexicanos la sabiduría para crear una ciudadanía ambiental como la que vamos a hacer en el caso de la autopista Lerma-Tres Marías, podremos tener una luz que nos dé propósito y nos una frente a este mundo convulso. www.ecoportal.net
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